Blas de Lezo y la defensa de Cartagena de Indias

Enrique Delgado

Enrique Delgado

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28 de octubre de 2026

Estatua de Blas de Lezo, con su retrato superpuesto, frente a las murallas de Cartagena y palmeras.

¿Cómo pudo una ciudad caribeña resistir a una de las mayores expediciones navales del siglo XVIII? La respuesta pasa por la estrategia, las fortificaciones y el liderazgo de Blas de Lezo, marino español cuya trayectoria comenzó mucho antes de la defensa de Cartagena de Indias. Aquí repaso su carrera, las claves de aquella victoria de 1741, los límites de algunas leyendas y la razón por la que su figura sigue siendo esencial para entender la historia naval de España.

Las claves para entender su importancia histórica

  • Blas de Lezo y Olavarrieta nació en Pasajes en 1689 y entró muy joven en la vida naval.
  • Perdió una pierna, un ojo y la movilidad de un brazo en distintos combates, pero continuó ascendiendo.
  • En 1741 dirigió la defensa de Cartagena de Indias con seis navíos y unos 3.200 hombres.
  • La fuerza británica reunía aproximadamente 180 embarcaciones y más de 23.000 hombres, aunque las cifras varían según las fuentes.
  • La victoria se explicó por la combinación de fortificaciones, terreno, artillería, enfermedad y decisiones tácticas.

Quién fue el marino que convirtió la adversidad en experiencia

Nacido el 3 de febrero de 1689 en Pasajes, Guipúzcoa, Blas de Lezo procedía de una familia vinculada al mar. Se incorporó muy joven a la Armada y recibió su bautismo de fuego en 1704, durante la batalla de Vélez-Málaga, en plena Guerra de Sucesión española.

Aquel combate le costó la pierna izquierda. Tres años después, una esquirla le alcanzó el ojo izquierdo durante la defensa de Tolón, y en 1714 una herida sufrida en el segundo sitio de Barcelona dejó inutilizado su brazo derecho. El apodo de “Mediohombre” nació de esa imagen física, pero reducirlo a sus heridas sería un error: lo más extraordinario fue que convirtió cada limitación en experiencia militar.

Año Momento decisivo Por qué importa
1704 Batalla de Vélez-Málaga Pierde la pierna izquierda y demuestra su valor en combate.
1707 Defensa de Tolón Una herida le hace perder el ojo izquierdo.
1712 Captura del navío británico Stanhope Confirma su capacidad para enfrentarse a buques superiores.
1714 Segundo sitio de Barcelona Su brazo derecho queda inutilizado.
1737 Llegada a Cartagena de Indias Asume el mando del apostadero y prepara la defensa de la plaza.
1741 Asedio británico de Cartagena Consigue rechazar una expedición muy superior en número.

En mi opinión, esta primera etapa explica mejor su éxito posterior que cualquier relato heroico. Lezo conocía el comportamiento de los barcos, las dificultades de la artillería costera y el desgaste que producen el clima y las enfermedades. No era únicamente un comandante valiente, sino un profesional formado en varios tipos de guerra naval y terrestre.

Una carrera naval mucho más amplia que la defensa de Cartagena

Antes de convertirse en una figura legendaria, participó en operaciones contra corsarios, convoyes y fuerzas británicas. En 1712 mandó una fragata y logró rendir al navío inglés Stanhope, una acción que mostró su habilidad para compensar la inferioridad material con maniobras agresivas y decisión.

También intervino en operaciones relacionadas con la recuperación de Mallorca, la campaña de Orán y la protección de las rutas españolas en el Mediterráneo y el Atlántico. En 1734 alcanzó el grado de teniente general de la Armada, una promoción que refleja una carrera construida sobre resultados, no solo sobre prestigio.

En febrero de 1737 partió de Cádiz rumbo a América y llegó a Cartagena de Indias el 11 de marzo. Allí encontró una plaza estratégica para el comercio imperial, pero también una ciudad expuesta, con recursos limitados y una guarnición que no podía confiar únicamente en el número de soldados.

Lo que más me interesa de esta fase es su preparación silenciosa. Lezo inspeccionó las defensas, estudió los accesos marítimos y entendió que el enemigo no necesitaba conquistar toda la costa para causar un desastre. Bastaba con abrir la entrada a Cartagena, controlar su puerto y convertirla en una base británica en el Caribe.

Cómo se defendió Cartagena de Indias en 1741

El ataque se produjo durante la llamada Guerra del Asiento, conocida también como Guerra de la Oreja de Jenkins. El almirante británico Edward Vernon llegó con una expedición enorme para la época. Las cifras varían según el criterio utilizado, pero las estimaciones más aceptadas hablan de alrededor de 180 embarcaciones y más de 23.000 hombres.

Frente a esa fuerza, los defensores contaban con unos seis navíos y aproximadamente 3.200 hombres, además de milicias, tropas locales y habitantes movilizados para la defensa. La diferencia parecía insalvable, pero Cartagena no era un puerto abierto sin protección. Sus entradas estaban condicionadas por canales, bajos, fortificaciones y una geografía difícil para cualquier ejército invasor.

El primer obstáculo estaba en Bocachica

La entrada por Bocachica era uno de los puntos decisivos. Las baterías de los fuertes de San Luis y San José obligaban a los británicos a avanzar bajo fuego y con poco margen para maniobrar. Lezo comprendió que sus barcos no podían vencer a toda la escuadra enemiga en mar abierto, así que los utilizó como apoyo de las defensas terrestres.

En algunos momentos se desmontaron cañones de los buques para reforzar las fortificaciones. También se hundieron o inutilizaron barcos para dificultar el paso. Puede parecer una medida desesperada, pero tenía lógica militar: cuando una flota es muy inferior, conservar cada navío deja de ser tan importante como negar al enemigo una ruta de acceso.

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San Felipe de Barajas decidió el desenlace

Tras superar Bocachica, los atacantes tuvieron que enfrentarse a la defensa interior y al castillo de San Felipe de Barajas. La fortaleza dominaba los accesos a la ciudad y permitía castigar a las tropas que intentaban avanzar por terreno complicado.

La ofensiva británica perdió impulso por la resistencia, el calor, las lluvias tropicales, la malaria y los problemas de suministro. Las enfermedades no fueron un detalle secundario, sino uno de los factores que más redujeron la capacidad operativa del ejército invasor. La victoria española nació de la suma de fortificaciones bien empleadas y un desgaste que el enemigo no pudo reponer.

El virrey Sebastián de Eslava también tuvo un papel fundamental en la defensa. La tradición popular suele presentar el triunfo como obra exclusiva de Lezo, pero esa versión simplifica demasiado los hechos. El resultado fue posible por la colaboración, aunque tensa, entre el mando naval, las tropas de tierra, las milicias y la población de Cartagena.

Qué hizo posible la victoria frente a una fuerza superior

La primera clave fue no aceptar el combate en las condiciones que favorecían al atacante. Lezo evitó presentar sus pocos barcos como una flota convencional frente a una armada muy superior. Prefirió integrarlos en un sistema defensivo donde cada cañón, cada canal y cada fortín cumplía una función concreta.

  • Conocimiento del terreno para elegir dónde frenar el avance.
  • Uso flexible de los navíos como plataformas de artillería y obstáculos.
  • Defensa escalonada desde la entrada marítima hasta las fortalezas interiores.
  • Resistencia al desgaste en un clima difícil para las tropas europeas.
  • Capacidad de improvisación ante la falta de hombres, barcos y munición.

También influyó un error de cálculo británico. Vernon creyó que la caída de las primeras posiciones significaba que la ciudad estaba prácticamente vencida. Esa confianza aceleró los ataques y redujo el tiempo para reorganizar las fuerzas. En una campaña de asedio, confundir un avance parcial con una victoria completa puede resultar fatal.

Las pérdidas británicas fueron enormes por los combates y las enfermedades, aunque las cifras exactas varían según las fuentes y la forma de contabilizar bajas, barcos dañados y transportes perdidos. Prefiero hablar de una derrota estratégica de gran magnitud antes que repetir cifras exageradas sin explicar su procedencia.

La defensa de Cartagena tuvo consecuencias que superaron la ciudad. Gran Bretaña no consiguió convertirla en una base propia y España conservó una posición esencial en el Caribe. La campaña también demuestra algo que a menudo se olvida al estudiar imperios y grandes flotas: la logística puede decidir una guerra tanto como los cañones.

Entre la leyenda, la memoria y los hechos comprobables

Lezo murió en Cartagena de Indias el 7 de septiembre de 1741, pocos meses después del asedio. Su salud se había deteriorado por las heridas, el esfuerzo y las condiciones de la campaña. El lugar exacto de su enterramiento continúa sin conocerse con seguridad, un final poco acorde con la importancia de su trayectoria.

Su relación con el virrey Eslava fue conflictiva y, tras la victoria, ambos defendieron versiones distintas sobre sus méritos. Esta disputa explica en parte por qué durante mucho tiempo su reconocimiento oficial fue insuficiente. Años después, su familia recibió el marquesado de Ovieco, pero la rehabilitación de su memoria llegó de forma lenta.

Hay episodios muy repetidos alrededor de su figura, como las supuestas medallas británicas acuñadas para celebrar una victoria antes de que se produjera. La anécdota resulta atractiva, pero conviene presentarla con cautela porque la documentación y la interpretación de esas piezas no siempre coinciden. La historia de Lezo no necesita adornos para ser extraordinaria.

La Armada española y el Museo Naval han contribuido a recuperar su trayectoria completa, más allá de Cartagena. Hoy su nombre aparece en monumentos, estudios históricos y buques de la Armada, incluido el buque que recuerda su legado. Para mí, esa memoria tiene más valor cuando se relaciona con su preparación y sus decisiones, no solo con la imagen del militar que combatió con tres graves secuelas físicas.

La lección que deja su defensa del Caribe

La vida de Blas de Lezo muestra que la superioridad numérica no garantiza una victoria. El terreno, la disciplina, la información y la capacidad de adaptar los recursos disponibles pueden cambiar por completo el resultado de una campaña.

También conviene recordar que Cartagena de Indias no fue defendida por un solo hombre. Lezo fue decisivo, pero su victoria dependió de una estructura defensiva, de otros mandos y de una población sometida a una presión extrema. Esa combinación entre liderazgo individual y esfuerzo colectivo es, precisamente, lo que hace que el episodio siga siendo históricamente interesante.

Cuando se estudia su figura con esa perspectiva, deja de ser solo un héroe militar y se convierte en una ventana al siglo XVIII español. En su carrera aparecen la Guerra de Sucesión, la rivalidad marítima con Gran Bretaña, la importancia del Caribe y los límites reales de los grandes imperios. Su legado no está únicamente en haber resistido, sino en haber entendido cómo resistir.

Preguntas frecuentes

Integró sus seis navíos en un sistema defensivo junto a las fortificaciones, utilizó los canales y el terreno para frenar el avance y reforzó las baterías con cañones de los barcos. También aprovechó el desgaste causado por el calor, las lluvias, la malaria y los problemas de suministro.

Bocachica obligó a los británicos a avanzar bajo el fuego de los fuertes de San Luis y San José, con poco margen de maniobra. Después, San Felipe de Barajas protegió los accesos interiores y permitió castigar a las tropas invasoras en un terreno complicado.

La expedición británica reunía aproximadamente 180 embarcaciones y más de 23.000 hombres. Los defensores disponían de unos seis navíos y alrededor de 3.200 hombres, además de milicias, tropas locales y habitantes movilizados.

Lezo fue decisivo, pero la defensa también dependió del virrey Sebastián de Eslava, las tropas de tierra, las milicias y la población de Cartagena. Además, algunas anécdotas sobre la campaña, como las supuestas medallas británicas, deben presentarse con cautela porque su interpretación documental no es unánime.
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Autor Enrique Delgado
Enrique Delgado
Me llamo Enrique Delgado y tengo 5 años de experiencia en el apasionante mundo de la historia, la cultura y el patrimonio mundial. Desde joven, me he sentido atraído por las historias que dan forma a nuestra civilización, lo que me ha llevado a investigar y escribir sobre diversos temas relacionados con nuestro legado cultural. Me gusta desentrañar los matices de eventos históricos y ofrecer una perspectiva que ayude a los lectores a comprender mejor su relevancia en el contexto actual. Mi enfoque a la hora de escribir se basa en la rigurosidad y la claridad. Me dedico a verificar fuentes, comparar información y simplificar conceptos complejos, para que mis artículos sean accesibles y útiles. Estoy comprometido con proporcionar información precisa y actualizada, ya que creo que entender nuestro pasado es fundamental para apreciar el presente y construir un futuro mejor.
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