Creación del Estado de Israel - ¿Cómo ocurrió realmente?

Oliver Saavedra

Oliver Saavedra

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15 de abril de 2026

Hombres en traje asisten a un evento histórico, la creacion del estado de Israel, con la bandera israelí y un retrato de Theodor Herzl.

La creación del Estado de Israel no se explica por un solo día ni por una sola resolución, sino por una cadena larga de ideas nacionales, decisiones imperiales y guerras que acabaron marcando el mapa de Oriente Próximo. Si sigo la secuencia histórica con orden, lo esencial es entender cómo el sionismo, el Mandato británico, la partición de la ONU y la guerra de 1948 se encadenaron hasta hacer posible la proclamación de independencia. También conviene mirar el coste humano del proceso, porque ahí está una parte decisiva del conflicto que llega hasta hoy.

Claves para entender el origen del Israel moderno

  • El proceso arranca con el sionismo político de finales del siglo XIX y se acelera bajo el Mandato británico en Palestina.
  • La resolución 181 de la ONU, aprobada el 29 de noviembre de 1947, propuso dividir el territorio en dos Estados, uno judío y otro árabe.
  • La proclamación del 14 de mayo de 1948 no cerró el conflicto: al día siguiente comenzó la guerra con la intervención de ejércitos árabes vecinos.
  • El resultado militar consolidó la independencia israelí, pero también abrió la cuestión de los refugiados palestinos y de las fronteras definitivas.
  • Este episodio no fue un hecho aislado, sino el inicio de un ciclo de guerras y negociaciones que todavía condiciona la región.

Del sionismo al mandato británico

Yo arrancaría aquí porque, sin este tramo previo, la creación del Estado de Israel parece un salto repentino y en realidad no lo fue. A finales del siglo XIX, el sionismo político defendía la idea de un hogar nacional judío en la histórica Palestina, entonces parte del Imperio otomano. No era una corriente única: convivían sionistas religiosos, socialistas y pragmáticos, pero todos compartían una premisa básica, la necesidad de una soberanía propia tras siglos de diáspora y persecución.

La Primera Guerra Mundial cambió el escenario. El Imperio otomano se deshizo, Reino Unido tomó el control de Palestina y la Declaración Balfour de 1917 expresó apoyo a un “hogar nacional” para el pueblo judío, aunque sin concretar cómo encajaría eso con la población árabe mayoritaria. Esa ambigüedad fue una semilla de conflicto: para unos era una promesa política; para otros, una amenaza directa a la autodeterminación local.

Durante el Mandato británico crecieron la inmigración judía, la compra de tierras y la organización institucional del futuro Estado, pero también aumentó la resistencia árabe y la violencia intercomunitaria. En los años treinta, las revueltas palestinas y la respuesta británica endurecieron aún más la situación. Si lo pongo en una línea clara, el Mandato no resolvió la coexistencia de dos nacionalismos; la hizo más difícil.

Fecha Hito Por qué importa
1896 Theodor Herzl publica Der Judenstaat Da forma al sionismo político moderno
1917 Declaración Balfour Britania respalda un hogar nacional judío en Palestina
1920-1922 Mandato británico de Palestina Se institucionaliza el control británico sobre el territorio
1936-1939 Gran revuelta árabe Aumenta la fractura entre comunidades y la presión sobre Londres
1939-1945 Segunda Guerra Mundial y Holocausto La urgencia internacional por una salida política se intensifica

La Segunda Guerra Mundial y el Holocausto cambiaron el peso moral y político del problema. Tras la destrucción de comunidades judías en Europa, la presión para abrir una solución soberana se volvió mucho más fuerte. Pero eso no eliminó la oposición árabe ni la realidad demográfica del territorio. De hecho, la tensión entre dos derechos nacionales fue precisamente lo que empujó la cuestión hacia la ONU.

Mapa del Plan de Partición de Palestina, mostrando la propuesta de la creación del estado de Israel y el estado árabe, con Jerusalén como ciudad internacional.

La partición de la ONU y por qué fue tan polémica

La resolución 181 de la Asamblea General, aprobada el 29 de noviembre de 1947, recomendó dividir Palestina en dos Estados, uno judío y otro árabe, con Jerusalén bajo un régimen internacional especial. Yo no leería esa resolución como una solución cerrada, sino como un intento de salida en un contexto ya casi ingobernable. La ONU proponía una frontera que no satisfacía a nadie del todo, pero que pretendía detener una espiral de violencia.

El plan asignaba aproximadamente el 55% del territorio al Estado judío y alrededor del 45% al Estado árabe, aunque la distribución demográfica y la propiedad de la tierra hacían el reparto muy discutido. Para el liderazgo sionista, era una base jurídica internacional sobre la que construir soberanía. Para el liderazgo árabe palestino y para los estados árabes vecinos, era una imposición injusta que fragmentaba una tierra donde los árabes seguían siendo mayoría y donde el principio de autodeterminación parecía haberse aplicado de forma desigual.

Actor Posición ante la resolución 181 Lectura histórica
Dirigencia judía Aceptación con reservas Ve la resolución como reconocimiento internacional decisivo
Dirigencia árabe palestina Rechazo La considera una división impuesta y demográficamente injusta
Estados árabes Rechazo político y militar Defienden que la partición no resuelve la cuestión nacional árabe
Reino Unido Salida del mandato Prefiere retirarse antes que gestionar el conflicto por más tiempo

El detalle importante aquí es que la partición no se aplicó de forma pacífica. La votación de la ONU abrió una fase de guerra civil en Palestina entre noviembre de 1947 y mayo de 1948. Así que la resolución fue el marco internacional, pero la realidad sobre el terreno se definió con armas, desplazamientos y el colapso del orden colonial británico.

La guerra de 1948 y la proclamación de independencia

La independencia israelí se proclamó el 14 de mayo de 1948, con David Ben-Gurión al frente de la Agencia Judía. Ese gesto, por sí solo, no explica el nacimiento del Estado; lo decisivo es que fue un acto realizado en medio de una guerra ya en marcha. Al día siguiente, ejércitos de Egipto, Transjordania, Siria, Irak y Líbano entraron en el antiguo territorio del Mandato británico. La guerra que siguió suele describirse en Israel como Guerra de Independencia y en el mundo árabe como Nakba, “catástrofe”, por el desplazamiento palestino que provocó.

Si me atengo a la cronología, el conflicto tuvo tres fases muy claras: primero, una guerra civil interna tras la resolución de la ONU; después, la intervención de los estados árabes vecinos tras la proclamación; por último, los armisticios de 1949, que no firmaron una paz definitiva, pero sí fijaron líneas de cese del fuego. Esas líneas, conocidas como la Línea Verde, se convirtieron en una referencia política y territorial de enorme peso posterior.

Fecha Hecho Consecuencia inmediata
29 de noviembre de 1947 Aprobación de la resolución 181 Comienza la fase de enfrentamientos internos
14 de mayo de 1948 Proclamación del Estado de Israel Se formaliza la soberanía israelí
15 de mayo de 1948 Entrada de ejércitos árabes La guerra se regionaliza
1949 Armisticios Se fijan fronteras de hecho, no un acuerdo de paz final

El resultado militar fue favorable al nuevo Estado israelí, que consolidó su existencia y amplió su control territorial respecto al plan de partición. Pero el precio fue altísimo: las estimaciones históricas sobre el desplazamiento palestino suelen situarse en torno a 700.000 personas, un dato que ayuda a entender por qué el origen del Estado quedó unido desde el principio a una herida de refugiados. No es un episodio accesorio; es uno de los núcleos del conflicto.

Lo que cambió para israelíes y palestinos

Después de la guerra no hubo una normalización rápida, sino dos relatos nacionales que crecieron sobre la misma fractura. Para la población judía, la fundación del Estado significó soberanía, refugio e институционización rápida de un proyecto nacional perseguido durante décadas. Para los palestinos, significó pérdida de territorio, expulsión o huida forzada, y la imposibilidad de materializar el Estado que la ONU también había previsto.

Dimensión Efecto principal para Israel Efecto principal para los palestinos
Territorio Consolidación del Estado y control de nuevas áreas Fragmentación territorial y pérdida de zonas habitadas
Población Entrada de inmigración judía y construcción estatal acelerada Desplazamiento masivo y nacimiento del problema de refugiados
Política Reconocimiento internacional progresivo Ausencia de Estado propio y dispersión del liderazgo
Memoria Relato fundacional de supervivencia e independencia Relato de desposesión y catástrofe nacional

También cambió Jerusalén. La ciudad, que debía quedar bajo un régimen internacional en el plan de la ONU, terminó dividida tras la guerra. Ese dato importa mucho porque Jerusalén no era un elemento simbólico más: era el punto donde chocaban la legitimidad religiosa, la soberanía política y la dimensión internacional del conflicto.

Lo que yo subrayaría aquí es que la creación del Estado no resolvió la cuestión palestina; la reubicó en otro nivel. Desde 1948, cada guerra, cada negociación y cada intento diplomático ha tenido que volver, de una forma u otra, a los mismos tres asuntos: fronteras, refugiados y Jerusalén.

Lo que este origen sigue explicando en el conflicto actual

Para leer bien este episodio, conviene evitar tres simplificaciones. La primera es pensar que todo empezó en 1948: en realidad, la secuencia viene de mucho antes y mezcla nacionalismo, imperialismo y guerra mundial. La segunda es imaginar que hubo una única causa: no la hubo, porque el desenlace dependió tanto de la diplomacia internacional como de la capacidad militar sobre el terreno. La tercera es olvidar que dos movimientos nacionales aspiraban a una misma tierra; si se borra ese choque de legitimidades, se pierde la raíz del conflicto.

  • No fue un acto aislado: fue el final de un proceso de varias décadas.
  • No fue solo una decisión jurídica: la ONU abrió una vía, pero la guerra decidió mucho sobre el terreno.
  • No fue una historia sin coste humano: el desplazamiento palestino es parte central del relato.
  • No cerró el conflicto: dejó fronteras provisionales, refugiados y una disputa política que siguió creciendo.

Si uno quiere entender por qué la guerra de 1948 pesa todavía sobre Oriente Próximo, esta es la clave: el nacimiento del Estado israelí fue una solución estatal para un pueblo sin soberanía, pero también el inicio de una tragedia nacional para otro. Esa doble realidad explica por qué el tema sigue siendo tan sensible y por qué cualquier lectura seria tiene que sostener, al mismo tiempo, la legitimidad histórica del proyecto judío y el trauma palestino que lo acompañó.

Preguntas frecuentes

El Estado de Israel fue proclamado el 14 de mayo de 1948 por David Ben-Gurión, líder de la Agencia Judía, en Tel Aviv. Esta declaración ocurrió en medio de una guerra ya en curso, un día antes de la intervención de ejércitos árabes vecinos.
Aprobada el 29 de noviembre de 1947, la Resolución 181 de la Asamblea General de la ONU recomendó la partición de Palestina en dos estados, uno judío y otro árabe, con Jerusalén bajo régimen internacional. Fue un intento de solución en un contexto de creciente violencia.
Durante el Mandato Británico (1920-1948), la inmigración judía y la organización institucional del futuro estado crecieron, pero también aumentó la resistencia árabe y la violencia intercomunitaria. El Mandato no resolvió la coexistencia de dos nacionalismos, sino que la hizo más difícil.
La Guerra de 1948, conocida como Guerra de Independencia en Israel y Nakba (catástrofe) en el mundo árabe, consolidó la existencia del nuevo Estado israelí. Resultó en la expansión territorial de Israel y el desplazamiento de aproximadamente 700.000 palestinos, lo que es clave para entender el conflicto actual.
El sionismo político, surgido a finales del siglo XIX, defendía la idea de un hogar nacional judío en Palestina. Esta ideología proporcionó la base para la movilización y organización que, junto con eventos como la Declaración Balfour y el Holocausto, impulsó la necesidad de una soberanía propia.

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Autor Oliver Saavedra
Oliver Saavedra
Soy Oliver Saavedra, un apasionado analista de historia, cultura y patrimonio mundial con más de diez años de experiencia en la investigación y redacción sobre estos temas. A lo largo de mi carrera, he tenido la oportunidad de explorar diversas civilizaciones y sus legados, lo que me ha permitido adquirir un profundo conocimiento sobre la evolución cultural y los hitos históricos que han dado forma a nuestro mundo. Mi enfoque se centra en simplificar datos complejos y ofrecer un análisis objetivo que permita a los lectores comprender el contexto y la relevancia de los eventos históricos. Me esfuerzo por presentar información verificada y actualizada, asegurando que cada artículo que escribo no solo sea informativo, sino también accesible y atractivo para todos. Comprometido con la misión de promover un entendimiento más profundo de nuestra herencia cultural, mi objetivo es contribuir a la apreciación del patrimonio mundial a través de contenido de calidad que inspire y eduque.

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