¿Cómo pudo un país enriquecido por el petróleo, con una enorme inversión militar y una modernización acelerada, pasar de la estabilidad autoritaria a una revolución en apenas dos años? El Irán de los años 70 reúne crecimiento económico, conflictos regionales, represión política y una movilización social que terminó derribando la monarquía en 1979. Aquí ordeno los principales acontecimientos, las guerras en las que participó y las causas que explican aquel giro histórico.
Una década de petróleo, poder regional y ruptura política
- 1973-1978 marcó un auge petrolero sin precedentes, pero también inflación y desigualdad.
- El sah Mohammad Reza Pahlaví impulsó una modernización rápida y autoritaria.
- Irán intervino en la guerra de Dhofar, en Omán, entre 1972 y 1975.
- El Acuerdo de Argel de 1975 frenó el conflicto fronterizo con Irak.
- Las protestas de 1978 desembocaron en la Revolución iraní de 1979.
Una década que empezó con poder y terminó con ruptura
Al comenzar los años setenta, Irán era una monarquía dirigida por el sah Mohammad Reza Pahlaví. El régimen concentraba el poder en la corte, el ejército y una burocracia centralizada, mientras presentaba al país como una futura gran potencia de Oriente Medio. La Revolución Blanca, iniciada en la década anterior, había impulsado la reforma agraria, la alfabetización, la industrialización y una mayor participación de las mujeres en la vida pública.
El problema estaba en la distancia entre la modernización social y la falta de apertura política. El Parlamento tenía una capacidad limitada, la oposición estaba vigilada por la SAVAK, la policía secreta, y las decisiones importantes dependían directamente del monarca. En mi lectura, esa contradicción explica mejor la crisis final que la simple oposición entre tradición y modernidad.
| Año | Acontecimiento | Importancia histórica |
|---|---|---|
| 1971 | Ocupación iraní de Abu Musa y las islas Tunb | Reflejó la voluntad de Teherán de controlar las rutas del golfo Pérsico. |
| 1973-1974 | Alza internacional del precio del petróleo | Multiplicó los ingresos del Estado y aceleró los grandes proyectos del sah. |
| 1975 | Acuerdo de Argel con Irak | Resolvió temporalmente la disputa fronteriza y puso fin al apoyo iraní a los kurdos iraquíes. |
| 1977-1978 | Protestas, huelgas y represión | La oposición pasó de la actividad clandestina a la movilización nacional. |
| 1979 | Caída de la monarquía y creación de la República Islámica | Cambió por completo el sistema político iraní y el equilibrio regional. |
Petróleo, modernización y el precio de crecer demasiado rápido
El petróleo transformó la capacidad del Estado iraní. En 1974, los ingresos petroleros alcanzaron aproximadamente 20.000 millones de dólares, cerca de la mitad del producto nacional bruto, mientras la inflación rondaba el 25 %. Según datos recopilados por Encyclopaedia Iranica, entre 1974 y 1978 los ingresos petroleros acumulados llegaron a unos 104.000 millones de dólares.
Con ese dinero se construyeron carreteras, universidades, fábricas, aeropuertos y complejos industriales. También crecieron las fuerzas armadas. El gasto militar pasó, según estimaciones históricas, del 8,2 % del producto nacional bruto en 1970 al 14,2 % en 1976. Irán compró aviones, carros de combate y sistemas de misiles principalmente a Estados Unidos, con la intención de convertirse en el principal guardián del golfo Pérsico.
La prosperidad fue real, pero no llegó de la misma forma a todos. La urbanización pasó del 31 % de la población en 1956 al 49 % en 1978, impulsada por la llegada de campesinos a Teherán y otras ciudades. Ese desplazamiento creó barrios saturados, problemas de vivienda y nuevas tensiones sociales, mientras una élite vinculada al palacio se beneficiaba de contratos y negocios.
El error del régimen fue confundir crecimiento con legitimidad. El sah podía financiar una autopista o comprar un escuadrón de cazas, pero eso no resolvía la censura, la corrupción percibida ni la sensación de que las reformas se imponían desde arriba. La modernización funcionó como proyecto económico, pero fracasó como pacto político.
Las guerras y conflictos que definieron la política exterior
Irán no libró en los años setenta una guerra total dentro de su propio territorio, pero sí participó en varios conflictos regionales. Su política exterior combinaba nacionalismo, miedo a la expansión soviética, rivalidad con Irak y la defensa de las rutas marítimas del golfo Pérsico.
La intervención en Dhofar
Entre 1972 y 1975, el sah envió tropas a Omán para ayudar al sultán Qabus contra la rebelión marxista de Dhofar. La intervención incluyó una brigada de infantería, helicópteros y apoyo aéreo. El objetivo iraní no era únicamente respaldar a un monarca aliado, sino impedir que una insurrección cercana amenazara el estrecho de Ormuz y las costas del sur de Irán.
La campaña terminó favoreciendo al sultán y reforzó la imagen de Irán como potencia militar regional. También tuvo un coste político interno, porque muchos opositores denunciaron que el régimen gastaba vidas y recursos en una guerra extranjera mientras mantenía reprimida a su propia población.
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La rivalidad con Irak
La frontera del río Shatt al Arab enfrentaba a Irán e Irak desde hacía décadas. Durante 1974 y 1975 hubo choques armados y Teherán apoyó a la rebelión kurda contra Bagdad. El conflicto se cerró con el Acuerdo de Argel de marzo de 1975, por el que Irak aceptó una delimitación fronteriza más favorable a Irán a cambio de que el sah retirara su apoyo a los kurdos iraquíes.
El acuerdo fue una victoria diplomática para Teherán, pero no creó una reconciliación duradera. La desconfianza permaneció y, tras la Revolución de 1979, Irak consideró que el nuevo Irán era más vulnerable. La guerra entre ambos países comenzó en 1980, por lo que no debe confundirse con los conflictos fronterizos de la década anterior.
| Conflicto | Participación iraní | Resultado |
|---|---|---|
| Dhofar, Omán | Intervención militar junto al sultán Qabus | Derrota de la insurgencia en 1975-1976 |
| Frontera con Irak | Choques armados y apoyo a los kurdos iraquíes | Acuerdo de Argel en 1975 |
| Guerra Irán-Irak | No pertenece a los años setenta | Comenzó en septiembre de 1980 y duró hasta 1988 |

Por qué la prosperidad no evitó la protesta
La oposición al sah no tenía una sola ideología. En ella convivían clérigos chiíes, nacionalistas, liberales, marxistas, estudiantes, comerciantes del bazar y sectores populares afectados por la inflación. Esa diversidad hizo posible una coalición muy amplia, aunque sus integrantes no compartían el mismo proyecto para el futuro.
En 1975, el régimen creó el Partido Rastajiz y convirtió la afiliación política en una obligación práctica para buena parte de la población. La medida eliminó incluso la limitada competencia partidista que existía y confirmó que el sah prefería la obediencia organizada a la participación autónoma.
La situación empezó a cambiar en 1977 y se aceleró en 1978. Las protestas fueron respondidas con detenciones y violencia, lo que alimentó nuevas manifestaciones. La tradición chií de conmemorar a los muertos cuarenta días después de su fallecimiento creó un ciclo de duelo, movilización y represión que amplió la protesta de una ciudad a otra.
El episodio conocido como Viernes Negro, ocurrido el 8 de septiembre de 1978 en Teherán, agravó la ruptura entre el Gobierno y la sociedad. Poco después, las huelgas en la industria petrolera redujeron los ingresos del Estado y paralizaron sectores esenciales. La documentación diplomática de la época ya advertía que el régimen había concentrado demasiado poder en una sola figura y había debilitado las instituciones capaces de sucederla.
Por eso considero simplista explicar la revolución únicamente por la religión o por la intervención extranjera. La causa fue una combinación de autoritarismo, desigualdad percibida, inflación, cambios sociales demasiado rápidos y una oposición capaz de coordinarse.
De la salida del sah a la nueva república
El sah abandonó Irán el 16 de enero de 1979. Dos semanas después, el ayatolá Ruhollah Jomeini regresó del exilio y fue recibido por una multitud. El 11 de febrero, las fuerzas armadas declararon su neutralidad y la monarquía dejó de controlar el país.
La revolución no produjo de inmediato un sistema político completamente definido. Durante los primeros meses convivieron nacionalistas, religiosos, izquierdistas y liberales, pero la organización clerical terminó imponiéndose. El 1 de abril de 1979 se proclamó oficialmente la República Islámica de Irán tras un referéndum.
El año todavía reservaba otro episodio decisivo. En noviembre, estudiantes islamistas ocuparon la embajada de Estados Unidos en Teherán y comenzó una crisis de rehenes que duró 444 días. A partir de ese momento, la revolución iraní dejó de ser solo un cambio de régimen interno y se convirtió en una de las grandes fracturas geopolíticas de la Guerra Fría.
Conviene recordar la secuencia para evitar un error frecuente. Los años setenta explican la caída de la monarquía, pero la guerra Irán-Irak pertenece a la década siguiente y fue consecuencia de un nuevo equilibrio regional, no una guerra que derribara al sah.
La lección que dejan los setenta iraníes
Irán demuestra que el desarrollo económico no garantiza estabilidad cuando las instituciones políticas no acompañan el cambio social. El petróleo permitió financiar una transformación espectacular, pero también hizo al Estado dependiente de ingresos muy concentrados y favoreció decisiones grandiosas que no siempre respondían a las necesidades cotidianas.
La década debe leerse, por tanto, como una etapa de contrastes. Fue un periodo de industrialización, educación y poder militar, pero también de censura, desigualdad y conflictos regionales. La paradoja central es clara: el sah modernizó el país con tanta rapidez que terminó creando una sociedad más urbana, informada y movilizada de lo que su propio régimen podía controlar.