El nombre las sin sombrero reúne a un grupo de escritoras, artistas y pensadoras que participaron en la renovación cultural española de los años veinte y treinta. Su historia permite entender mejor la Generación del 27, pero también revela cómo la Guerra Civil, el exilio y una historiografía desigual apartaron durante décadas a muchas creadoras del relato oficial.
La clave para entender a las mujeres del 27
- No fueron una escuela única, sino una red de creadoras vinculadas a la modernidad cultural española.
- El gesto de quitarse el sombrero simbolizó rebeldía, libertad e irrupción en el espacio público.
- Entre sus nombres destacan Maruja Mallo, Concha Méndez, Rosa Chacel y María Zambrano.
- La Guerra Civil provocó exilios, silencios y carreras interrumpidas.
- Su recuperación actual modifica la imagen tradicional de la Generación del 27.
Quiénes fueron y por qué forman parte de la Generación del 27
Las Sinsombrero fueron mujeres que escribieron, pintaron, esculpieron, filosofaron, actuaron y participaron activamente en la vida cultural española durante la Edad de Plata. Algunas coincidieron en la Residencia de Señoritas, en el Lyceum Club Femenino o en los círculos intelectuales de Madrid. Otras desarrollaron su obra desde Canarias, Castilla, Galicia o el exilio.
Yo prefiero entenderlas como una constelación de trayectorias, no como un grupo perfectamente organizado. Compartieron una época, amistades, revistas, espacios de formación y una voluntad común de independencia, pero sus estilos fueron muy distintos. No escribían igual Rosa Chacel y Concha Méndez, ni buscaban lo mismo Maruja Mallo y María Zambrano.
La etiqueta se popularizó a partir del documental Las Sinsombrero, estrenado en 2015. Por eso conviene aclarar un detalle importante. Muchas de estas mujeres no se presentaban a sí mismas con ese nombre, sino que fueron reunidas posteriormente para recuperar su presencia dentro de una generación que durante mucho tiempo se explicó casi exclusivamente a través de sus miembros masculinos.
La expresión tampoco significa que todas fueran feministas en el sentido actual del término. Sí defendieron, cada una a su manera, una vida intelectual propia, el acceso a la educación, la autonomía económica y la posibilidad de crear sin quedar reducidas al papel de musa, esposa o acompañante.

El gesto de quitarse el sombrero y lo que simbolizaba
La historia más conocida sitúa a Maruja Mallo y Margarita Manso, acompañadas por Federico García Lorca y Salvador Dalí, caminando sin sombrero por la Puerta del Sol. En la sociedad de los años veinte, quitarse esa prenda en público no era un detalle menor. El sombrero formaba parte de las normas de apariencia y respetabilidad, especialmente entre las mujeres de las clases medias y altas.
La anécdota se ha contado con distintas fechas y matices, pero su sentido se mantiene. Pasear con la cabeza descubierta significaba desafiar una convención visible y ocupar la calle con una actitud que muchos consideraban impropia. Según el recuerdo atribuido a Mallo, el grupo recibió insultos e incluso piedras. El episodio terminó convirtiéndose en una imagen poderosa de la ruptura con las normas sociales.
Para mí, lo interesante no está solo en el sombrero. El gesto importa porque resume un cambio más amplio. Estas mujeres querían estudiar, viajar, publicar, exponer y tomar decisiones sobre su propia vida. La provocación estética era la parte visible de una transformación mucho más profunda.
También sería un error convertir la escena en una leyenda aislada. La verdadera importancia de aquellas creadoras se encuentra en sus obras y en las redes culturales que construyeron. El paseo por Madrid puede servir como puerta de entrada, pero no debe sustituir la lectura de sus poemas, novelas, cuadros, esculturas o ensayos.
Una constelación de voces, pinceles y pensamiento
Maruja Mallo y la imagen de una mujer moderna
Maruja Mallo es probablemente la figura visual más reconocible del grupo. Su pintura atravesó el surrealismo, la cultura popular, la geometría y la reflexión sobre el trabajo. En series como Verbenas, convirtió las fiestas populares en escenas llenas de movimiento, contrastes sociales y personajes difíciles de encerrar en una sola interpretación.
Su importancia no depende únicamente de su personalidad pública. Mallo construyó una obra con lenguaje propio y defendió una imagen de mujer activa, creadora e independiente. Su exilio y su posterior regreso a España también muestran hasta qué punto la Guerra Civil rompió carreras que estaban alcanzando una gran madurez.
Las escritoras que ampliaron la literatura española
Concha Méndez llevó a la poesía una voz directa, viajera y profundamente vinculada a la libertad personal. Sus libros de los años veinte y treinta cuestionan la imagen de la mujer pasiva y muestran a una autora interesada en el movimiento, el deseo y la experiencia moderna.
Rosa Chacel desarrolló una narrativa exigente, atenta a la conciencia y a la complejidad psicológica. Obras como Estación. Ida y vuelta y Memorias de Leticia Valle revelan una escritora que no buscaba agradar con respuestas sencillas. Su literatura exige concentración, pero recompensa al lector con personajes llenos de contradicciones.
María Teresa León combinó narrativa, teatro, memoria y compromiso político. También trabajó para acercar la cultura a la población durante la República y la Guerra Civil. En su caso, la escritura no fue una actividad aislada, sino una forma de intervenir en la sociedad y defender la memoria de quienes quedaron desplazados.
Josefina de la Torre fue poeta, actriz, cantante y escritora. Su trayectoria recuerda que muchas creadoras no caben en una sola categoría. Su poesía tiene una dimensión íntima y musical, mientras que su trabajo en el teatro y el cine muestra la amplitud profesional que podían alcanzar las mujeres que lograban abrirse camino.
María Zambrano y la razón poética
María Zambrano ocupa un lugar singular porque unió filosofía, literatura y experiencia vital. Su propuesta de razón poética intentaba superar la separación rígida entre pensamiento racional y conocimiento sensible. Para ella, la verdad también podía aparecer a través de la memoria, la metáfora, el sueño y la experiencia interior.
Leer a Zambrano ayuda a comprender que la aportación de las mujeres del 27 no se limitó a incorporar más nombres a una lista literaria. También transformaron las preguntas de fondo sobre la identidad, la libertad, el exilio y la relación entre cultura y vida.
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Escultoras, ilustradoras y creadoras menos conocidas
Marga Gil Roësset destacó por su talento como escultora e ilustradora, aunque su carrera quedó truncada muy pronto. Su caso muestra una de las pérdidas más dolorosas de aquella generación: no solo se olvidaron obras terminadas, también se interrumpieron proyectos que apenas comenzaban a desarrollarse.
El grupo incluyó además a artistas como Ángeles Santos, Delhy Tejero y Margarita Manso, así como a creadoras vinculadas al teatro, la traducción, el periodismo y la crítica. Reducirlas a ocho o diez nombres facilita una introducción, pero deja fuera una red mucho más amplia de mujeres que participaron en la modernización cultural española.
La Guerra Civil, el exilio y el borrado de sus nombres
La Guerra Civil marcó un antes y un después. Algunas creadoras marcharon al exilio, otras permanecieron en España bajo la dictadura y muchas tuvieron que adaptar su trabajo a un entorno de censura, aislamiento y pérdida de oportunidades. El resultado no fue idéntico para todas, pero sí produjo una fractura profunda en sus carreras.
El exilio llevó a varias de ellas a México, Argentina, Estados Unidos, Francia y otros países. Allí continuaron escribiendo, enseñando, traduciendo o exponiendo, aunque con frecuencia quedaron separadas de los circuitos culturales españoles. Sus obras siguieron vivas, pero no siempre fueron incorporadas a la historia literaria que se enseñaba en España.
Las que permanecieron tuvieron que afrontar una sociedad que había reducido el espacio público para las mujeres. Algunas publicaron con menor visibilidad, otras trabajaron en géneros considerados secundarios y varias quedaron eclipsadas por la fama de sus compañeros. La desaparición no fue necesariamente absoluta, pero sí lo bastante intensa como para deformar la memoria de la época.
Por eso no basta con decir que fueron “olvidadas”. El problema fue también cómo se construyó el canon, es decir, el conjunto de autores y obras que una sociedad considera imprescindibles. Durante décadas, el relato de la Generación del 27 se organizó alrededor de nombres masculinos, mientras las mujeres aparecían como excepciones o figuras periféricas.
Cómo acercarse a sus obras sin quedarse en la anécdota
La mejor manera de conocerlas es combinar literatura, arte y contexto histórico. Yo recomendaría empezar por una autora cuya obra permita entrar con facilidad y después ampliar el recorrido. No hace falta leerlo todo de una vez, pero sí conviene evitar la selección basada únicamente en biografías llamativas.
| Autora | Puerta de entrada | Qué aporta |
|---|---|---|
| Maruja Mallo | Las series Verbenas | Una visión crítica y festiva de la cultura popular y de la modernidad. |
| Concha Méndez | Su poesía de los años veinte y treinta | Una voz marcada por el viaje, la independencia y la ruptura con los papeles tradicionales. |
| Rosa Chacel | Estación. Ida y vuelta | Una narrativa centrada en la conciencia y en la complejidad psicológica. |
| María Zambrano | Claros del bosque | Una forma de pensamiento que une filosofía, poesía y experiencia interior. |
| María Teresa León | Memoria de la melancolía | El testimonio de una vida atravesada por la cultura, la guerra y el exilio. |
| Josefina de la Torre | Su poesía y su trabajo escénico | La dimensión polifacética de una creadora vinculada a la literatura y al espectáculo. |
Una recomendación práctica consiste en leer primero una obra y después consultar la biografía de su autora. Cuando se hace al revés, existe el riesgo de recordar únicamente el exilio, una relación sentimental o una muerte temprana. La obra debe recuperar el centro, porque ahí aparece lo que cada creadora aportó de verdaderamente singular.
También ayuda visitar exposiciones, escuchar archivos sonoros y comparar sus trayectorias con las de sus contemporáneos. La comparación no tiene que servir para establecer quién fue más importante, sino para observar qué temas, técnicas y espacios compartieron y en qué aspectos las mujeres del 27 ampliaron los límites de la época.
Leerlas cambia el mapa de la cultura española
Las Sinsombrero no son una nota al pie de la Generación del 27. Son una parte necesaria de su arquitectura cultural. Sin sus poemas, cuadros, novelas, esculturas y ensayos, la imagen de la modernidad española queda incompleta y demasiado inclinada hacia una sola perspectiva.
Recuperarlas tampoco consiste en sustituir un canon por otro. Consiste en leer mejor, comparar más voces y aceptar que una generación puede ser mucho más amplia que la lista que aprendimos en los manuales. Cuando se incorpora a estas creadoras, la historia del arte y la literatura españolas gana matices, conflictos y una libertad que siempre estuvo allí, aunque durante décadas no se quisiera mirar.