Mary Shelley y el origen de Frankenstein

Enrique Delgado

Enrique Delgado

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1 de noviembre de 2026

Mary Shelley, con su atuendo de época, escucha atentamente a Lord Byron y Percy Shelley junto a una carreta.

¿Cómo pudo una joven de apenas 18 años imaginar una criatura capaz de inquietar a generaciones enteras? Detrás de Frankenstein hay una escritora marcada por el pensamiento radical, las pérdidas personales y los debates científicos de su tiempo. En este artículo recorro la vida de Mary Shelley, el origen de su novela más famosa, sus principales temas y las razones por las que sigue siendo una figura esencial de la historia cultural europea.

Una escritora que convirtió el miedo en una pregunta sobre la humanidad

  • Mary Shelley nació en 1797 y creció en un ambiente intelectual excepcional, como hija de Mary Wollstonecraft y William Godwin.
  • Frankenstein se publicó en 1818, primero de forma anónima, y es una obra pionera de la ciencia ficción moderna.
  • La novela no trata solo sobre un monstruo, sino sobre la responsabilidad de crear, educar y abandonar.
  • Su producción incluye también El último hombre, Valperga y El destino de Perkin Warbeck.
  • Su legado conecta la literatura gótica con debates actuales sobre tecnología, ética, identidad y exclusión social.

Villa Diodati, donde Mary Shelley concibió a Frankenstein, con un jardín y un lago al fondo.

Quién fue Mary Shelley y por qué importa su vida

Mary Wollstonecraft Shelley nació en Londres el 30 de agosto de 1797. Su madre, la filósofa Mary Wollstonecraft, murió pocos días después del parto, mientras que su padre, William Godwin, fue un pensador político y novelista de gran influencia. Aquella combinación de duelo, libros y debate intelectual formó el ambiente en el que la futura escritora aprendió a pensar por sí misma.

No recibió una educación escolar convencional, pero tuvo acceso a la biblioteca de su padre y a conversaciones con escritores, filósofos y reformadores. En mi opinión, este detalle ayuda a entender su obra mejor que la imagen simplificada de la joven romántica que inventa un monstruo durante una noche de tormenta. Shelley creció rodeada de preguntas sobre la libertad, la educación y los límites del progreso.

A los 16 años inició su relación con el poeta Percy Bysshe Shelley. Ambos viajaron por Europa, se casaron en 1816 y vivieron durante largos periodos en Italia. La relación fue intensa y también estuvo marcada por la muerte de varios hijos, por dificultades económicas y por la pérdida de Percy en un naufragio en 1822.

Después de enviudar, la autora regresó a Inglaterra y dedicó buena parte de su vida a proteger la memoria literaria de su marido. Editó sus poemas y cartas, pero esa tarea no debería ocultar su propia trayectoria. Murió en Londres el 1 de febrero de 1851, dejando una obra mucho más amplia que la novela por la que se hizo célebre.

Cómo nació Frankenstein en el verano de 1816

El origen de la novela se sitúa en el verano de 1816, cuando Mary Godwin, Percy Shelley, Lord Byron y John Polidori coincidieron cerca del lago de Ginebra. El clima fue inusualmente frío, en parte por las consecuencias atmosféricas de la erupción del volcán Tambora en 1815. Pasaban mucho tiempo dentro de la villa Diodati, leyendo relatos de terror y conversando sobre ciencia, electricidad y la posibilidad de reanimar la materia.

Lord Byron propuso que cada integrante del grupo escribiera una historia sobrenatural. Durante varios días, la joven Mary no encontraba una idea que la convenciera. Según explicó años más tarde, una imagen surgida entre el sueño y la vigilia le mostró a un científico inclinado sobre una criatura artificial que comenzaba a moverse. Esa escena se convirtió en el núcleo de Frankenstein o el moderno Prometeo.

El manuscrito fue creciendo entre 1816 y 1817, con la ayuda editorial de Percy Shelley. Eso no significa que él fuera el autor, como se creyó durante un tiempo. Percy revisó aspectos del texto y escribió el prólogo de la primera edición, pero la concepción narrativa, los personajes y la voz de la novela pertenecen a Mary Shelley.

La primera edición apareció en Londres en 1818 sin el nombre de la autora. La versión de 1831 incorporó cambios y un prólogo autobiográfico en el que Shelley contó su visión nocturna. Por eso, quien quiera leer la obra con criterio histórico debería distinguir entre la edición original y la revisión posterior. Ambas son legítimas, pero no transmiten exactamente la misma imagen de su autora.

Qué cuenta realmente la novela más famosa

La historia sigue a Victor Frankenstein, un joven obsesionado con descubrir el principio de la vida. Su experimento tiene éxito, pero al contemplar la criatura que ha creado siente rechazo y huye. El conflicto central no es simplemente que exista un ser artificial, sino que su creador se niega a asumir las consecuencias de haberlo traído al mundo.

El monstruo no se llama Frankenstein

Uno de los errores más extendidos consiste en llamar Frankenstein a la criatura. Frankenstein es el apellido de Victor, el científico. El ser creado nunca recibe un nombre propio, y esa ausencia resulta significativa porque muestra cómo la sociedad le niega una identidad incluso antes de juzgar sus actos.

La criatura aprende a hablar, leer y comprender las emociones humanas. Su violencia no aparece de manera automática. Surge después del aislamiento, el rechazo y la imposibilidad de encontrar compañía. Esta evolución convierte la novela en una reflexión sobre la educación y el peso de la exclusión, no solo en un relato de terror.

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Los temas que siguen interpelándonos

La ambición científica es uno de los asuntos más visibles. Victor quiere superar los límites humanos, pero no se pregunta qué obligaciones tendrá después. Shelley no presenta la ciencia como un enemigo en sí mismo. Su crítica apunta a la investigación sin prudencia, sin empatía y sin responsabilidad.

También aparecen el abandono, la soledad, los prejuicios y la relación entre apariencia y moralidad. La criatura es juzgada por su aspecto antes de poder explicar quién es. A mi juicio, ahí reside una de las ideas más modernas del libro: una sociedad puede fabricar parte de la violencia que luego condena.

La British Library resume bien la mezcla de géneros de la obra al relacionarla con la novela gótica, el tratado filosófico y la ciencia ficción. La clasificación importa porque explica por qué Frankenstein sigue interesando tanto a lectores de literatura, historia de la ciencia y cultura popular.

Qué otras obras escribió la autora

Reducir a Shelley a Frankenstein empobrece su perfil histórico. Tras el éxito inicial, publicó novelas, relatos, libros de viajes, biografías y textos de edición. Cada obra muestra una preocupación distinta, aunque se repiten la pérdida, la memoria, el poder y la fragilidad de los vínculos humanos.

Obra Año Qué aporta
Frankenstein o el moderno Prometeo 1818 Explora la creación artificial, la responsabilidad y el rechazo social.
Valperga 1823 Combina ficción histórica, política y conflictos de poder en la Italia medieval.
El último hombre 1826 Imagina una pandemia que conduce a la desaparición progresiva de la humanidad.
El destino de Perkin Warbeck 1830 Recrea la vida de un pretendiente al trono inglés desde una mirada histórica.

El último hombre merece una atención especial. La novela imagina un futuro devastado por una epidemia y sigue a un personaje que contempla cómo desaparece su mundo. No es una obra de ciencia ficción tecnológica en el sentido actual, pero sí una poderosa ficción sobre la vulnerabilidad de las sociedades y la experiencia de sobrevivir a una catástrofe colectiva.

También me parece importante observar su trabajo como editora de Percy Shelley. Durante años, esa labor fue presentada como una tarea secundaria, cuando en realidad exigía criterio, conocimiento literario y una enorme capacidad de organización. Shelley no solo escribió su propia obra, también ayudó a construir la memoria pública del romanticismo inglés.

Por qué su legado sigue vivo en 2026

La influencia de Shelley se percibe en el cine, el teatro, los cómics, la televisión y la literatura especulativa. Sin embargo, las adaptaciones suelen simplificar la novela al convertirla en una historia de laboratorio, rayos y persecuciones. El texto original es más incómodo porque obliga a preguntar quién es responsable cuando una creación sufre.

En una época marcada por la inteligencia artificial, la biotecnología y los sistemas capaces de producir textos o imágenes, Frankenstein ha recuperado una fuerza especial. La comparación no debe hacerse de forma superficial. Una herramienta digital no es una criatura humana, pero la novela sí ofrece un marco útil para pensar en el diseño, el control, los efectos imprevistos y la responsabilidad de quienes ponen una tecnología en circulación.

El Shelley-Godwin Archive ha contribuido a estudiar los manuscritos de la familia y permite observar cómo se construyó el texto de Frankenstein. Ese tipo de trabajo recuerda que una obra literaria no aparece de golpe. Hay borradores, correcciones, colaboraciones y decisiones editoriales que también forman parte de su historia.

Para leerla hoy, recomiendo no quedarse únicamente con la imagen del científico loco. Es más productivo seguir tres líneas: la relación entre creador y criatura, la forma en que la sociedad juzga a quien parece diferente y el precio personal de perseguir un ideal sin medir sus consecuencias. Ahí la novela deja de ser una reliquia gótica y se convierte en una conversación todavía abierta.

La mejor manera de acercarse a Mary Shelley

Para una primera lectura, Frankenstein en su versión de 1818 ofrece el mejor punto de partida porque conserva el tono experimental y la estructura original. Después conviene comparar algunos pasajes con la edición de 1831 y leer El último hombre para descubrir una autora menos conocida, más melancólica y profundamente interesada por la supervivencia colectiva.

La gran lección de su trayectoria no está solo en haber imaginado una criatura inolvidable. Shelley entendió que el verdadero terror nace cuando el conocimiento crece más rápido que la responsabilidad. Por eso su figura pertenece tanto a la historia de la literatura como a la historia de las ideas y sigue hablándonos con una claridad sorprendente en 2026.

Preguntas frecuentes

Mary Godwin coincidió allí con Percy Shelley, Lord Byron y John Polidori. El grupo leía relatos de terror y debatía sobre ciencia, electricidad y la posibilidad de reanimar la materia, hasta que Byron propuso escribir historias sobrenaturales. Una imagen surgida entre el sueño y la vigilia inspiró a Mary la escena del científico que da vida a una criatura artificial.

Frankenstein es el apellido de Victor, el científico que crea al ser artificial. La criatura nunca recibe un nombre propio, una ausencia que refleja cómo la sociedad le niega una identidad antes de juzgar sus actos. Su violencia aparece después del aislamiento, el rechazo y la falta de compañía.

La primera edición se publicó en Londres en 1818 de forma anónima. La versión de 1831 incorporó cambios y un prólogo autobiográfico en el que Mary Shelley relató la visión nocturna que inspiró la novela. Ambas ediciones son legítimas, pero presentan imágenes diferentes de la obra y de su autora.

Entre sus novelas destacan Valperga, publicada en 1823, El último hombre, de 1826, y El destino de Perkin Warbeck, de 1830. La autora también escribió relatos, libros de viajes, biografías y textos de edición, además de preparar la memoria literaria de Percy Shelley.
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Autor Enrique Delgado
Enrique Delgado
Me llamo Enrique Delgado y tengo 5 años de experiencia en el apasionante mundo de la historia, la cultura y el patrimonio mundial. Desde joven, me he sentido atraído por las historias que dan forma a nuestra civilización, lo que me ha llevado a investigar y escribir sobre diversos temas relacionados con nuestro legado cultural. Me gusta desentrañar los matices de eventos históricos y ofrecer una perspectiva que ayude a los lectores a comprender mejor su relevancia en el contexto actual. Mi enfoque a la hora de escribir se basa en la rigurosidad y la claridad. Me dedico a verificar fuentes, comparar información y simplificar conceptos complejos, para que mis artículos sean accesibles y útiles. Estoy comprometido con proporcionar información precisa y actualizada, ya que creo que entender nuestro pasado es fundamental para apreciar el presente y construir un futuro mejor.
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